lunes, 24 de octubre de 2016



Conviviendo entre monstruos 


Mario Mercado Callaú

El hombre no entró en sociedad para hallarse peor de lo que estaba antes, ni disfrutar menores derechos de los que tenía anteriormente, sino con el fin de ver aquellos derechos establecidos y asegurados con mayor firmeza. Thomas Paine

Revista Percontari, tema
El Poder


El poder es una de esas palabras que desata pasiones y miedos entre los mortales. Ha sido objeto de muchos estudios en las diferentes disciplinas del pensamiento. Toda ideología política a lo largo de la historia, por ejemplo, ha hablado del uso y abuso del poder. Es probable que el poder del Estado encuentre más enemigos que cualquier otro, por los abusos en sus diferentes momentos históricos, desde su nacimiento hasta hoy en día. Pero no es el único que recibe críticas. Tanto la ideología marxista, liberal y anarquista, entre otras, han criticado su función dentro de la sociedad de cada época. Marx creía que la abolición del Estado era necesaria para implantar su ideología. Él manifestaba, dentro de su dialéctica materialista, que la lucha de clases a lo largo de la historia había favorecido a la clase capitalista y el Estado había sido siempre su eterno aliado. En la época de Marx, estaba claro que las “democracias” europeas y las de América del Norte permitieron todo tipo de arbitrariedades y abusos con los más débiles. Por lo tanto, se hace coherente desconfiar de ellas. Del mismo modo, los movimientos nacionalistas en la segunda década del siglo XX no veían en la democracia cambios, sobre todo entre las clases sociales más débiles. Muchos de los fallos se atribuían a que el Estado siempre favoreció a las clases privilegiadas e incluso a razas que manejaban y controlaban los sistemas políticos de aquellos países. El racionalista liberal Karl Popper, en medio de la Segunda Guerra Mundial, escribió su libro La sociedad abierta y sus enemigos. En esa obra, argumenta sobre el valor de la libertad individual e igualitaria, tratando de desmitificar y refutar todas aquellas ideologías colectivistas basadas en el historicismo desde Heráclito hasta Marx, considerándolas perversas, las cuales habían creado el caldo perfecto para los distintos totalitarismos de aquellos años. Popper creía que el Estado es un mal necesario; sin embargo, la única visión política para poder hacer cambios graduales, a través de ensayo, prueba y error, es la democracia. Las democracias modernas hoy en día siguen estos lineamientos muy importantes para los cambios dentro de nuestra modernidad. Pero aun así estas siguen siendo cuestionables. En Latinoamérica, por ejemplo, luego de las dictaduras de las últimas décadas del siglo pasado, las democracias neoliberales, con sus luces y sombras, mostraron un saqueo terrible por parte de los políticos y de las empresas privadas extranjeras, sobre todo de aquellos recursos naturales que el latinoamericano promedio considera como propios. Con estos argumentos, las reivindicaciones legítimas de las clases más empobrecidas de la región, como indígenas y campesinos, encontrarían el catalizador necesario para la búsqueda de nuevos rumbos de cara a un futuro más inclusivo. Podemos ver en Bolivia que los caudillos representantes del descontento popular, hábilmente, vulneraron en el año 2003 nuestra endeble democracia y, a partir de ahí, se ejercieron ciertos cambios sociales con una densa niebla totalitaria. El Gobierno actual ha actuado de manera arbitraria en muchas cuestiones, como en la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, la persecución de opositores políticos sin distinguir sus culpas y la aprobación de un referéndum para la re-reelección, que viola no solo la Constitución, sino un principio democrático como es la alternancia. Otros ejemplos de abuso del poder estatal son los cobros excesivos de impuestos, sobre todo a aquellos empresarios medianos, pequeños y/o freelance, que sienten un asalto a mano armada por parte del Estado boliviano. Estos ven que sus impuestos no retornan en la proporción como son saqueados, haciendo referencia a las condiciones atroces en las que se encuentra el sistema de salud pública, de igual forma a los problemas de inseguridad y, al mismo tiempo, la bajísima calidad que tiene nuestra educación. Estimo que, por lo anterior, para muchos, se hace sugerente caer en el anarquismo; sin embargo, por lo menos, en mi criterio, no es la mejor opción. Para varios ciudadanos, el problema es la ideología del Gobierno. Las críticas nacen de diversos ideólogos nacionalistas, conservadores y liberales, cuestión que puede tener un grado de verdad hasta cierto punto, pero no del todo. Para ilustrar mejor nuestra postura, debemos decir que, después de la Guerra del Pacífico, se crearon los primeros partidos políticos en Bolivia. Por un lado, el partido conservador y, por el otro, el partido liberal. Lastimosamente, ambos partidos, con visiones distintas, manejaron el poder a su antojo, con muy pocos cambios en pro de la ciudadanía y los individuos. Empero, no hallamos coherente deshacer el pensamiento liberal en Bolivia; más por el contrario, rescatamos de esta ideología el poder ser libres pensadores y poder utilizar eso para dar nuestro argumento. Se entiende que, con el liberalismo, las ciencias y el comercio han crecido considerablemente en los últimos siglos, mejorando mucho nuestra calidad de vida, pero, al mismo tiempo, entendemos que, en caso de no existir un ente de consensos y regulaciones en las distintas partes que tiene un Estado plenamente democrático, pasaremos de ser víctimas del poder público a ser víctimas del poder privado.

 La propiedad personal es un efecto de la sociedad; es tan imposible que un individuo adquiera propiedades personales sin ayuda de la sociedad… Separad a un individuo de la sociedad, dadle la posesión de una isla o continente, y no podrá adquirir propiedades personales, no podrá hacerse rico. Thomas Paine

Según datos de Oxfam Internacional, “casi la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante”. Esta información es reveladora respecto a la problemática global de la distribución de la riqueza con el actual régimen económico imperante. Esto tiene más trascendencia con la crisis financiera mundial de 2008, en la que se hizo la mayor transferencia de riqueza desde las bases más bajas de la pirámide, subiendo por el medio hasta llegar a la cúspide, donde la clase media y los pobres fueron los que pagaron por los platos rotos. Es que el poder económico siempre ha sido una de las fuerzas de abuso por excelencia. Para las corrientes libertarias, el Estado ha estado inmiscuido dentro de estos abusos. Pero existen ejemplos de que no siempre fue así. En la Guerra de los Ochenta Años, en el siglo XVI, que enfrentó a las provincias de los Países Bajos en contra de la casa de Habsburgo, de la monarquía española, se puede ver que la burguesía de estas provincias se constituía en un sistema de total de libre mercado, con progreso en muchos sentidos, hasta ser de esta provincia una de las potencias más fuertes de Europa. El detalle se encuentra en que la poderosa burguesía holandesa no escatimó en conquistar, colonizar y someter a los diferentes pueblos del Noreste de Brasil, las Antillas, el Caribe, la parte septentrional de América del Norte, países de Asia como Taiwán, Oceanía y algunas partes de África. Por tanto, con estos hechos, se cae el argumento de que las colonias han sido solo impulsadas por los Estados. Por otra parte, economistas como Murray Rothbard, el padre del anarcocapitalismo, parece haber puesto de moda sus ideas económicas a través de un radicalismo individualista. Las teorías económicas de Rothbard se ven influidas, entre otros, por economistas como Adam Smith y Ludwig von Mises. Desde el punto de vista filosófico, encontramos a un individualista como Max Stirner, del siglo XIX, hasta el objetivismo filosófico de Ayn Rand, contemporáneo a Rothbard. Entre algunas de sus frases más conocidas y destacadas por sus dogmáticos seguidores se encuentra ésta: “El capitalismo es la máxima expresión del anarquismo y el anarquismo es la máxima expresión del capitalismo”. Está claro que, para el dueño de capitales, puede ser cierta esta frase, pero qué hay con un trabajador promedio. Por ejemplo, un joven que vive en el campo y que estudió algunos pocos cursos del ciclo básico, y que a la edad de 17 años empieza a trabajar para una empresa cualquiera agrícola o ganadera. Primeramente, lo hará chafreando; después, con el paso del tiempo, poco a poco, operará diferentes máquinas agrícolas. Un sueldo promedio de inicio es de Bs 1700 y, al cabo de 35 años de trabajo, no podrá ganar más de dos o tres veces su salario inicial. Esto por las propias reglas del mercado. Se debe tomar en cuenta que, con el paso del tiempo, esta persona estará sometida a su baja educación y al crecimiento de su propia familia no planificada, y vivirá preso de un salario por su necesidad. Si aplicáramos las teorías de Rothbard, este trabajador dejaría de pagar impuestos y los productos que consuma también tendrían un menor costo por la pérdida de tales impuestos. No obstante, al mismo tiempo, este operario gastaría y pagaría más que cualquier trabajador de la ciudad; esto por el costo del traslado de dichos productos hasta su lugar más cercano de abastecimiento. Al mismo tiempo, no recibiría ningún tipo de beneficios sociales, y un empresario cualquiera no sería para nada responsable de él en caso de algún accidente (algo muy común en el siglo XIX, en plena Revolución Industrial). Además, no se le pagará por su antigüedad bonos, primas, quinquenios, aguinaldos y, si el empresario quisiera desligarse de él por cualquier motivo (incluyendo su vejez), lo haría sin ningún problema. ¿Cuál sería el anarquismo de ese trabajador en un sistema capitalista de laissez faire? En un sistema económico planteado como el de Rothbard está claro que la economía del rebalse beneficiará solo a la cúspide de la pirámide de Maslow, mientras que sus bases quedarán más empobrecidas y, más aun, sin la defensa de un espacio democrático donde se pueda buscar consensos, ya que esta teoría plantea deshacerse de cualquier sistema estatal. Por otra parte, Rothbrad sostiene que solo los individuos existen, piensan sienten y actúan; en consecuencia, la sociedad no es una entidad viviente y solo es un nombre dado a un grupo de individuos en acción. Pero las contradicciones saltan cuando observamos que no solo los individuos mueven la economía, sino las empresas jurídicamente constituidas y que pueden estar constituidas en sociedades de distintos tipos, y que toman decisiones en conjunto. Otra contradicción que podemos hallar es cuando hablamos del sistema migratorio. Para los seguidores de la ideología rothbardiana, si un individuo viaja, no tendría ya que usar pasaportes. Pero se sostiene que las naciones “libres” deben actuar analizando a quienes dejan pasar a sus fronteras, como cuando una persona invita a alguien a su casa; por tanto, surge la importancia colectivista de los integrantes de la “nación libre” para decidir si se deja pasar o no a un individuo que vive, piensa y siente. En consecuencia, vemos las distintas contradicciones que genera esta ideología. Por otra parte, muchos fieles de estas doctrinas anarcocapitalistas aseguran que los países con mayor libertad económica están mejor desarrollados que aquellos que no lo tienen. En esta parte, aseguramos que efectivamente es así, pero hay que estudiar algunos ejemplos para ver qué tipo de libertad tienen. Singapur, la segunda economía más libre del mundo, mantiene las siguientes políticas para su crecimiento y desarrollo económico, según Joseph Stigliz, nobel de Economía: Creación de un “Fondo Previsor” de carácter obligatorio. Todos los trabajadores han de alimentar dicho fondo con el 36% de su sueldo. La finalidad de la cantidad recaudada es cubrir gastos de seguro de salud, vivienda y jubilación. Mediante esta vía, el Estado exige a sus ciudadanos que asuman la responsabilidad de atender sus propias necesidades, tanto presentes como futuras. Desarrollo de programas de gobierno, universales pero progresivos, cuyo objetivo es lograr que los individuos con mayores recursos contribuyan más al desarrollo social que aquellos cuyos medios de supervivencia son escasos. Intervención del gobierno en la distribución del ingreso antes de impuestos, mediante la aplicación de una normativa que inclina la balanza hacia los grupos de menor poder económico y de influencia. Inversión fuerte en educación e investigación. El gobierno busca que sus ciudadanos disfruten del acceso a un sistema educativo de calidad en todos los niveles, independientemente de la situación económica en la que se encuentren. Además, promueve la investigación científica y los estudios en universidades extranjeras, y se asegura el retorno de los estudiantes enviados al exterior a ampliar sus conocimientos y desarrollar sus capacidades. Estas políticas estatales, dispuestas estratégicamente y planificadas por el Estado de Singapur, se han venido dando desde 1963, haciendo de este pequeño país uno de los más desarrollados del mundo. Por otra parte, en el caso chileno, la séptima economía más libre del mundo y la primera en América Latina, se pueden mostrar algunas divergencias con lo predicado por los apologistas del laissez faire. Después del golpe de Pinochet en el año 1973, las teorías económicas de la Escuela de Chicago serían puestas a prueba con resultados positivos en muchos casos y en otros, muy negativos. A pesar de ello, el Estado chileno ha mantenido a una empresa estatal como la Corporación Nacional del Cobre de Chile (Codelco), dedicada a la explotación minera cuprífera, rubro en el que es la mayor compañía del planeta. Codelco es el productor de cobre más grande del mundo y la empresa que contribuye más a la economía chilena. Durante el año 2015, su cifra de producción alcanzó el récord histórico que representa un 10% de la producción mundial y un 33% de la producción chilena. Pero, por otro lado, las doctrinas económicas de la escuela de Chicago han calado fuertemente en la desigualdad de aquel país. El año 2014, la OCDE Society at a Glance declaró a Chile como el país con mayor desigualdad social en el mundo. Por tal motivo, podemos advertir que aquellas manifestaciones realizadas por los estudiantes chilenos de secundaria y universitarios, en contra del sistema educativo implantado por la dictadura, tienen una fuerte razón de ser. Las manifestaciones estudiantiles que comenzaron en el 2006 culminarían con la aprobación de un proyecto de ley a finales de 2015 para establecer que la educación superior sea gratuita desde este año 2016. Lo que tratamos de destacar con esos ejemplos es que aun los países con sistemas económicos más libres tienen que hacer prueba y error, para tener una mejor planificación y estrategias de acuerdo con su realidad, para que puedan beneficiar a todos los individuos que componen esa sociedad, en procura de una mejor convivencia. Por eso es que teorías económicas basadas en “filosofías” radicales como las de Ayn Rand, que destaca el egoísmo virtuoso (un egoísmo sin ego), formulan soluciones racionales, destacando aspectos propios de la naturaleza humana, pero omitiendo otros. Así, se conformarían teorías nefastas para la convivencia del siglo XXI. Vale la pena destacar lo que dice el científico y filósofo Mario Bunge sobre el pensamiento de Ayn Rand en una conferencia en la Universidad de la Plata, dada en noviembre de 2010: “Ayn Rand es una seudofilósofa. Aynd Rand es un personaje siniestro, pero era realista en la teoría del conocimiento, materialista en la ontología, y fascista en filosofía política. Tuvo bastante influencia; su discípulo predilecto fue Alan Greenspan, que fue presidente del banco central director de la FED. Y, justamente cuando ocurrió el descalabro financiero el 2008, Alan Greenspan dijo y declaró en los periódicos que le llamaba mucho la atención la estupidez de los banqueros norteamericanos, ‘tendría que haberse incluido el mismo’. Porque dice, de acuerdo con el egoísmo racional que él había aprendido de Aynd Rand, su mentora, que ellos tendrían que haberse comportado de manera tal que maximizaran sus utilidades y no quisieron. Bueno, no es una filósofa, pero como digo ha sido un personaje siniestro, enormemente popular, sus libros que, para mí, son un pop, especialmente Atlas Shrugged, que tiene como mil páginas, pesadísimo, mal escrito, pero son muy populares entre el establishment”. Siguiendo lo expuesto por Mario Bunge, está claro que aquellos grupos que ostentan el poder económico, haciendo lobbies a los gobiernos, pagando campañas políticas a los distintos partidos, son los mismos que gritan ¡laissez faire!, y pregonan las ideas libertarias o anarcocapitalistas. Directivos de corporaciones multimillonarias como Kenneth Lay y Jeff Skilling, de la empresa Enron, pregonaban sobre los mercados libres, creyendo que el egoísmo, orgullo y codicia eran elementos vitales para el desarrollo de la economía. Este caso es un precedente junto a muchos otros sobre lo utópico y nefasto que pueden los dogmatismos de cualquier teoría u ideología sin la comprobación científica o, al menos, la utilización del sentido común. Por eso vemos que el anarcocapitalismo planteado por Rothbard es tan utópico como el marxismo ortodoxo, debido a que ambos dogmas cuasi-religiosos niegan u omiten distintas partes de la naturaleza humana. Por cierto, muchas de están han sido descubiertas por la ciencia en los últimos decenios. Mario Bunge destaca la crítica en una entrevista por el diario El País, el 2 de mayo de 2014: “Primero, se han reducido en casi todas partes los fondos para la investigación y, segundo, hay una crisis ideológica y hoy la ciencia asusta tanto a la izquierda como a la derecha”. Por tal motivo me declaro en contra de ideologías radicales, tanto colectivistas como individualistas, aquellas que defiende la empatía extrema radical y aquellas que apelan por la necropolítica (palabra empleada por Clara Valverde). Resalto que incluso el nobel de Economía Milton Friedman no veía con buenos ojos un mundo totalmente privatizado: “Lo único que no privatizaría son las fuerzas armadas, los tribunales y algunas carreteras y autopistas”. Sin embargo, al parecer, la Guerra de Irak ha sido uno de los conflictos más privatizados de la historia. En 1991, por cada cien soldados había un contratista militar (soldados privados o mercenarios); en 2003, por cada 100 soldados había 10 contratistas; para 2006, había 33 contratistas; y, en 2007, por cada cien soldados había 70 contratistas; por último, a fines de 2007 había más contratistas que soldados americanos, siendo la empresa Blackwater una de las más beneficiadas. Esto según los datos recogidos por la periodista Naomi Klein. Solo imaginemos un mundo de desigualdades cada vez más extremas donde todo se encuentre privatizado. Es innegable que algunos podrán pagar y comprar muchas cosas, entre ellas ejércitos, y otros apenas podrán sobrevivir. Así, quedaría más que confirmado el viejo adagio que dice que “quien tiene el oro pone las reglas”. Es cierto que los antiestatistas apelan a la regulación con instituciones privadas. Pero ¿acaso estas no son vulnerables a la corrupción? ¿No son vulnerables a los lobbies? ¿Acaso no se pueden formar grupos de poderes privados, logias, etc.? Instituciones privadas y deportivas como la FIFA son un ejemplo de que estas son tan falibles a la corrupción como cualquier organización pública. Por eso vemos al capitalismo como una herramienta y no como un fin, siendo perfectamente compatible con un sistema democrático pleno de consensos para el desarrollo individual y colectivo de las distintas naciones, con sus distintas realidades. En ese sentido, encuentro en la democracia el medio para quitar poder a los gobernantes y su fuerza estatista. Al mismo tiempo, vemos en ella una mesa de diálogo que ponga las reglas claras para el desarrollo del capitalismo, tomado en cuenta los nuevos desafíos y paradigmas planteados en los distintos temas que preocupan a la población mundial, tanto en medio ambiente como en sobrellevar una economía de sostenibilidad de cara al futuro.



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