Conviviendo entre monstruos
Mario Mercado Callaú
El hombre no entró en sociedad para hallarse peor de lo que estaba antes, ni
disfrutar menores derechos de los que tenía anteriormente, sino con el fin de
ver aquellos derechos establecidos y asegurados con mayor firmeza.
Thomas Paine
Revista Percontari, tema
El Poder
El poder es una de esas palabras que desata
pasiones y miedos entre los mortales. Ha
sido objeto de muchos estudios en las diferentes
disciplinas del pensamiento. Toda ideología
política a lo largo de la historia, por ejemplo, ha
hablado del uso y abuso del poder. Es probable
que el poder del Estado encuentre más enemigos
que cualquier otro, por los abusos en sus
diferentes momentos históricos, desde su nacimiento
hasta hoy en día. Pero no es el único
que recibe críticas. Tanto la ideología marxista,
liberal y anarquista, entre otras, han criticado
su función dentro de la sociedad de cada época.
Marx creía que la abolición del Estado era
necesaria para implantar su ideología. Él manifestaba,
dentro de su dialéctica materialista, que
la lucha de clases a lo largo de la historia había
favorecido a la clase capitalista y el Estado había
sido siempre su eterno aliado. En la época
de Marx, estaba claro que las “democracias”
europeas y las de América del Norte permitieron
todo tipo de arbitrariedades y abusos con
los más débiles. Por lo tanto, se hace coherente
desconfiar de ellas. Del mismo modo, los movimientos
nacionalistas en la segunda década del
siglo XX no veían en la democracia cambios, sobre todo entre las clases sociales más débiles.
Muchos de los fallos se atribuían a que el Estado
siempre favoreció a las clases privilegiadas
e incluso a razas que manejaban y controlaban
los sistemas políticos de aquellos países.
El racionalista liberal Karl Popper, en medio
de la Segunda Guerra Mundial, escribió su
libro La sociedad abierta y sus enemigos. En esa
obra, argumenta sobre el valor de la libertad
individual e igualitaria, tratando de desmitificar
y refutar todas aquellas ideologías colectivistas
basadas en el historicismo desde Heráclito hasta
Marx, considerándolas perversas, las cuales
habían creado el caldo perfecto para los distintos
totalitarismos de aquellos años. Popper
creía que el Estado es un mal necesario; sin embargo,
la única visión política para poder hacer
cambios graduales, a través de ensayo, prueba
y error, es la democracia. Las democracias
modernas hoy en día siguen estos lineamientos
muy importantes para los cambios dentro de
nuestra modernidad. Pero aun así estas siguen
siendo cuestionables. En Latinoamérica, por
ejemplo, luego de las dictaduras de las últimas
décadas del siglo pasado, las democracias neoliberales,
con sus luces y sombras, mostraron un
saqueo terrible por parte de los políticos y de
las empresas privadas extranjeras, sobre todo de
aquellos recursos naturales que el latinoamericano
promedio considera como propios. Con
estos argumentos, las reivindicaciones legítimas
de las clases más empobrecidas de la región,
como indígenas y campesinos, encontrarían el
catalizador necesario para la búsqueda de nuevos
rumbos de cara a un futuro más inclusivo.
Podemos ver en Bolivia que los caudillos
representantes del descontento popular, hábilmente,
vulneraron en el año 2003 nuestra endeble
democracia y, a partir de ahí, se ejercieron
ciertos cambios sociales con una densa niebla
totalitaria. El Gobierno actual ha actuado de
manera arbitraria en muchas cuestiones, como
en la aprobación de la nueva Constitución Política
del Estado, la persecución de opositores
políticos sin distinguir sus culpas y la aprobación
de un referéndum para la re-reelección,
que viola no solo la Constitución, sino un
principio democrático como es la alternancia.
Otros ejemplos de abuso del poder estatal son
los cobros excesivos de impuestos, sobre todo a
aquellos empresarios medianos, pequeños y/o
freelance, que sienten un asalto a mano armada
por parte del Estado boliviano. Estos ven que
sus impuestos no retornan en la proporción
como son saqueados, haciendo referencia a las
condiciones atroces en las que se encuentra el
sistema de salud pública, de igual forma a los
problemas de inseguridad y, al mismo tiempo,
la bajísima calidad que tiene nuestra educación.
Estimo que, por lo anterior, para muchos,
se hace sugerente caer en el anarquismo; sin
embargo, por lo menos, en mi criterio, no es
la mejor opción. Para varios ciudadanos, el
problema es la ideología del Gobierno. Las críticas nacen de diversos ideólogos nacionalistas,
conservadores y liberales, cuestión que puede
tener un grado de verdad hasta cierto punto,
pero no del todo. Para ilustrar mejor nuestra
postura, debemos decir que, después de la Guerra
del Pacífico, se crearon los primeros partidos
políticos en Bolivia. Por un lado, el partido
conservador y, por el otro, el partido liberal.
Lastimosamente, ambos partidos, con visiones
distintas, manejaron el poder a su antojo, con
muy pocos cambios en pro de la ciudadanía y
los individuos. Empero, no hallamos coherente
deshacer el pensamiento liberal en Bolivia; más
por el contrario, rescatamos de esta ideología el
poder ser libres pensadores y poder utilizar eso
para dar nuestro argumento. Se entiende que,
con el liberalismo, las ciencias y el comercio
han crecido considerablemente en los últimos
siglos, mejorando mucho nuestra calidad de
vida, pero, al mismo tiempo, entendemos que,
en caso de no existir un ente de consensos y
regulaciones en las distintas partes que tiene un
Estado plenamente democrático, pasaremos de
ser víctimas del poder público a ser víctimas del
poder privado.
La propiedad personal es un efecto de la
sociedad; es tan imposible que un individuo
adquiera propiedades personales sin ayuda
de la sociedad… Separad a un individuo de
la sociedad, dadle la posesión de una isla o
continente, y no podrá adquirir propiedades
personales, no podrá hacerse rico.
Thomas Paine
Según datos de Oxfam Internacional, “casi la
mitad de la riqueza mundial está en manos del
1% más rico de la población, y la otra mitad se
reparte entre el 99% restante”. Esta información
es reveladora respecto a la problemática global
de la distribución de la riqueza con el actual
régimen económico imperante. Esto tiene más
trascendencia con la crisis financiera mundial
de 2008, en la que se hizo la mayor transferencia
de riqueza desde las bases más bajas de
la pirámide, subiendo por el medio hasta llegar
a la cúspide, donde la clase media y los pobres
fueron los que pagaron por los platos rotos. Es
que el poder económico siempre ha sido una
de las fuerzas de abuso por excelencia. Para las
corrientes libertarias, el Estado ha estado inmiscuido
dentro de estos abusos. Pero existen
ejemplos de que no siempre fue así.
En la Guerra de los Ochenta Años, en el
siglo XVI, que enfrentó a las provincias de los
Países Bajos en contra de la casa de Habsburgo,
de la monarquía española, se puede ver que
la burguesía de estas provincias se constituía
en un sistema de total de libre mercado, con
progreso en muchos sentidos, hasta ser de esta
provincia una de las potencias más fuertes
de Europa. El detalle se encuentra en que la
poderosa burguesía holandesa no escatimó en
conquistar, colonizar y someter a los diferentes
pueblos del Noreste de Brasil, las Antillas, el
Caribe, la parte septentrional de América del
Norte, países de Asia como Taiwán, Oceanía y
algunas partes de África. Por tanto, con estos
hechos, se cae el argumento de que las colonias
han sido solo impulsadas por los Estados.
Por otra parte, economistas como Murray
Rothbard, el padre del anarcocapitalismo,
parece haber puesto de moda sus ideas económicas a través de un radicalismo individualista.
Las teorías económicas de Rothbard se ven
influidas, entre otros, por economistas como
Adam Smith y Ludwig von Mises. Desde el
punto de vista filosófico, encontramos a un
individualista como Max Stirner, del siglo XIX,
hasta el objetivismo filosófico de Ayn Rand,
contemporáneo a Rothbard. Entre algunas de
sus frases más conocidas y destacadas por sus
dogmáticos seguidores se encuentra ésta: “El
capitalismo es la máxima expresión del anarquismo
y el anarquismo es la máxima expresión
del capitalismo”. Está claro que, para el dueño
de capitales, puede ser cierta esta frase, pero qué
hay con un trabajador promedio. Por ejemplo,
un joven que vive en el campo y que estudió
algunos pocos cursos del ciclo básico, y que
a la edad de 17 años empieza a trabajar para
una empresa cualquiera agrícola o ganadera.
Primeramente, lo hará chafreando; después,
con el paso del tiempo, poco a poco, operará
diferentes máquinas agrícolas. Un sueldo promedio
de inicio es de Bs 1700 y, al cabo de 35
años de trabajo, no podrá ganar más de dos o
tres veces su salario inicial. Esto por las propias
reglas del mercado. Se debe tomar en cuenta
que, con el paso del tiempo, esta persona estará
sometida a su baja educación y al crecimiento
de su propia familia no planificada, y vivirá
preso de un salario por su necesidad. Si aplicáramos las teorías de Rothbard, este trabajador
dejaría de pagar impuestos y los productos que
consuma también tendrían un menor costo por
la pérdida de tales impuestos. No obstante, al
mismo tiempo, este operario gastaría y pagaría
más que cualquier trabajador de la ciudad; esto
por el costo del traslado de dichos productos
hasta su lugar más cercano de abastecimiento.
Al mismo tiempo, no recibiría ningún tipo de
beneficios sociales, y un empresario cualquiera
no sería para nada responsable de él en caso de
algún accidente (algo muy común en el siglo
XIX, en plena Revolución Industrial). Además,
no se le pagará por su antigüedad bonos, primas,
quinquenios, aguinaldos y, si el empresario
quisiera desligarse de él por cualquier motivo
(incluyendo su vejez), lo haría sin ningún problema.
¿Cuál sería el anarquismo de ese trabajador
en un sistema capitalista de laissez faire?
En un sistema económico planteado como el
de Rothbard está claro que la economía del rebalse
beneficiará solo a la cúspide de la pirámide
de Maslow, mientras que sus bases quedarán
más empobrecidas y, más aun, sin la defensa de
un espacio democrático donde se pueda buscar
consensos, ya que esta teoría plantea deshacerse
de cualquier sistema estatal. Por otra parte, Rothbrad
sostiene que solo los individuos existen,
piensan sienten y actúan; en consecuencia, la
sociedad no es una entidad viviente y solo es
un nombre dado a un grupo de individuos en
acción. Pero las contradicciones saltan cuando observamos que no solo los individuos mueven
la economía, sino las empresas jurídicamente
constituidas y que pueden estar constituidas
en sociedades de distintos tipos, y que toman
decisiones en conjunto. Otra contradicción que
podemos hallar es cuando hablamos del sistema
migratorio. Para los seguidores de la ideología
rothbardiana, si un individuo viaja, no tendría
ya que usar pasaportes. Pero se sostiene que
las naciones “libres” deben actuar analizando a
quienes dejan pasar a sus fronteras, como cuando
una persona invita a alguien a su casa; por
tanto, surge la importancia colectivista de los
integrantes de la “nación libre” para decidir si se
deja pasar o no a un individuo que vive, piensa
y siente. En consecuencia, vemos las distintas
contradicciones que genera esta ideología.
Por otra parte, muchos fieles de estas doctrinas
anarcocapitalistas aseguran que los países
con mayor libertad económica están mejor
desarrollados que aquellos que no lo tienen.
En esta parte, aseguramos que efectivamente
es así, pero hay que estudiar algunos ejemplos
para ver qué tipo de libertad tienen. Singapur,
la segunda economía más libre del mundo,
mantiene las siguientes políticas para su crecimiento
y desarrollo económico, según Joseph
Stigliz, nobel de Economía:
Creación de un “Fondo Previsor” de carácter
obligatorio. Todos los trabajadores han de alimentar
dicho fondo con el 36% de su sueldo.
La finalidad de la cantidad recaudada es cubrir
gastos de seguro de salud, vivienda y jubilación.
Mediante esta vía, el Estado exige a sus
ciudadanos que asuman la responsabilidad de
atender sus propias necesidades, tanto presentes
como futuras.
Desarrollo de programas de gobierno, universales
pero progresivos, cuyo objetivo es
lograr que los individuos con mayores recursos
contribuyan más al desarrollo social que aquellos
cuyos medios de supervivencia son escasos.
Intervención del gobierno en la distribución
del ingreso antes de impuestos, mediante la
aplicación de una normativa que inclina la
balanza hacia los grupos de menor poder económico
y de influencia.
Inversión fuerte en educación e investigación.
El gobierno busca que sus ciudadanos disfruten
del acceso a un sistema educativo de calidad en
todos los niveles, independientemente de la
situación económica en la que se encuentren.
Además, promueve la investigación científica y
los estudios en universidades extranjeras, y se
asegura el retorno de los estudiantes enviados
al exterior a ampliar sus conocimientos y desarrollar
sus capacidades.
Estas políticas estatales, dispuestas estratégicamente
y planificadas por el Estado de
Singapur, se han venido dando desde 1963,
haciendo de este pequeño país uno de los más
desarrollados del mundo.
Por otra parte, en el caso chileno, la séptima
economía más libre del mundo y la primera en
América Latina, se pueden mostrar algunas divergencias
con lo predicado por los apologistas
del laissez faire. Después del golpe de Pinochet
en el año 1973, las teorías económicas de la Escuela
de Chicago serían puestas a prueba con
resultados positivos en muchos casos y en otros,
muy negativos. A pesar de ello, el Estado chileno
ha mantenido a una empresa estatal como
la Corporación Nacional del Cobre de Chile
(Codelco), dedicada a la explotación minera
cuprífera, rubro en el que es la mayor compañía
del planeta. Codelco es el productor de
cobre más grande del mundo y la empresa que
contribuye más a la economía chilena. Durante
el año 2015, su cifra de producción alcanzó el
récord histórico que representa un 10% de la
producción mundial y un 33% de la producción
chilena. Pero, por otro lado, las doctrinas económicas
de la escuela de Chicago han calado
fuertemente en la desigualdad de aquel país. El
año 2014, la OCDE Society at a Glance declaró
a Chile como el país con mayor desigualdad
social en el mundo. Por tal motivo, podemos
advertir que aquellas manifestaciones realizadas
por los estudiantes chilenos de secundaria y
universitarios, en contra del sistema educativo
implantado por la dictadura, tienen una fuerte
razón de ser. Las manifestaciones estudiantiles
que comenzaron en el 2006 culminarían con la
aprobación de un proyecto de ley a finales de
2015 para establecer que la educación superior
sea gratuita desde este año 2016.
Lo que tratamos de destacar con esos ejemplos
es que aun los países con sistemas económicos más libres tienen que hacer prueba y error, para
tener una mejor planificación y estrategias de
acuerdo con su realidad, para que puedan beneficiar
a todos los individuos que componen esa
sociedad, en procura de una mejor convivencia.
Por eso es que teorías económicas basadas en
“filosofías” radicales como las de Ayn Rand,
que destaca el egoísmo virtuoso (un egoísmo
sin ego), formulan soluciones racionales,
destacando aspectos propios de la naturaleza
humana, pero omitiendo otros. Así, se conformarían
teorías nefastas para la convivencia del
siglo XXI. Vale la pena destacar lo que dice el
científico y filósofo Mario Bunge sobre el pensamiento
de Ayn Rand en una conferencia en
la Universidad de la Plata, dada en noviembre
de 2010: “Ayn Rand es una seudofilósofa. Aynd
Rand es un personaje siniestro, pero era realista
en la teoría del conocimiento, materialista en la
ontología, y fascista en filosofía política. Tuvo
bastante influencia; su discípulo predilecto fue
Alan Greenspan, que fue presidente del banco
central director de la FED. Y, justamente
cuando ocurrió el descalabro financiero el
2008, Alan Greenspan dijo y declaró en los
periódicos que le llamaba mucho la atención
la estupidez de los banqueros norteamericanos,
‘tendría que haberse incluido el mismo’. Porque
dice, de acuerdo con el egoísmo racional que
él había aprendido de Aynd Rand, su mentora,
que ellos tendrían que haberse comportado de
manera tal que maximizaran sus utilidades y
no quisieron. Bueno, no es una filósofa, pero
como digo ha sido un personaje siniestro, enormemente
popular, sus libros que, para mí, son
un pop, especialmente Atlas Shrugged, que tiene
como mil páginas, pesadísimo, mal escrito, pero
son muy populares entre el establishment”.
Siguiendo lo expuesto por Mario Bunge, está
claro que aquellos grupos que ostentan el poder
económico, haciendo lobbies a los gobiernos,
pagando campañas políticas a los distintos partidos,
son los mismos que gritan ¡laissez faire!,
y pregonan las ideas libertarias o anarcocapitalistas.
Directivos de corporaciones multimillonarias
como Kenneth Lay y Jeff Skilling, de la
empresa Enron, pregonaban sobre los mercados
libres, creyendo que el egoísmo, orgullo y codicia
eran elementos vitales para el desarrollo de
la economía. Este caso es un precedente junto
a muchos otros sobre lo utópico y nefasto que
pueden los dogmatismos de cualquier teoría u
ideología sin la comprobación científica o, al
menos, la utilización del sentido común.
Por eso vemos que el anarcocapitalismo
planteado por Rothbard es tan utópico como el
marxismo ortodoxo, debido a que ambos dogmas
cuasi-religiosos niegan u omiten distintas
partes de la naturaleza humana. Por cierto,
muchas de están han sido descubiertas por la
ciencia en los últimos decenios. Mario Bunge
destaca la crítica en una entrevista por el diario
El País, el 2 de mayo de 2014: “Primero, se han
reducido en casi todas partes los fondos para la
investigación y, segundo, hay una crisis ideológica y hoy la ciencia asusta tanto a la izquierda
como a la derecha”.
Por tal motivo me declaro en contra de
ideologías radicales, tanto colectivistas como
individualistas, aquellas que defiende la empatía
extrema radical y aquellas que apelan por
la necropolítica (palabra empleada por Clara
Valverde).
Resalto que incluso el nobel de Economía
Milton Friedman no veía con buenos ojos un
mundo totalmente privatizado: “Lo único que
no privatizaría son las fuerzas armadas, los
tribunales y algunas carreteras y autopistas”.
Sin embargo, al parecer, la Guerra de Irak ha
sido uno de los conflictos más privatizados de
la historia. En 1991, por cada cien soldados
había un contratista militar (soldados privados
o mercenarios); en 2003, por cada 100 soldados
había 10 contratistas; para 2006, había 33
contratistas; y, en 2007, por cada cien soldados
había 70 contratistas; por último, a fines de
2007 había más contratistas que soldados
americanos, siendo la empresa Blackwater una
de las más beneficiadas. Esto según los datos
recogidos por la periodista Naomi Klein.
Solo imaginemos un mundo de desigualdades
cada vez más extremas donde todo se encuentre
privatizado. Es innegable que algunos
podrán pagar y comprar muchas cosas, entre
ellas ejércitos, y otros apenas podrán sobrevivir.
Así, quedaría más que confirmado el viejo
adagio que dice que “quien tiene el oro pone las
reglas”. Es cierto que los antiestatistas apelan
a la regulación con instituciones privadas. Pero ¿acaso estas no son vulnerables a la corrupción?
¿No son vulnerables a los lobbies? ¿Acaso no
se pueden formar grupos de poderes privados,
logias, etc.? Instituciones privadas y deportivas
como la FIFA son un ejemplo de que estas son
tan falibles a la corrupción como cualquier organización
pública.
Por eso vemos al capitalismo como una herramienta
y no como un fin, siendo perfectamente
compatible con un sistema democrático
pleno de consensos para el desarrollo individual
y colectivo de las distintas naciones, con sus
distintas realidades. En ese sentido, encuentro
en la democracia el medio para quitar poder a
los gobernantes y su fuerza estatista. Al mismo
tiempo, vemos en ella una mesa de diálogo que
ponga las reglas claras para el desarrollo del capitalismo,
tomado en cuenta los nuevos desafíos
y paradigmas planteados en los distintos temas
que preocupan a la población mundial, tanto
en medio ambiente como en sobrellevar una
economía de sostenibilidad de cara al futuro.
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