Paz, ¿sueño o ilusión?
Mario Mercado Callaú
En la asunción de mi gobierno, el invitado de honor fue mi
carcelero blanco, debido a que yo había perdonado toda injuria
y debía mostrarle el camino a todo mi país.
Nelson Mandela
Revista Percontari, tema
La convivencia
El 13 de noviembre de 2015, ocurrieron los
atentados de París donde, aproximadamente,
137 personas perdieron la vida y 415
quedaron heridas. Un día antes, en Beirut, un
atentado dejaría 41 personas muertas y más de
200 heridos. Por otra parte, desde marzo de
2011, Siria ha venido escalando en sus niveles
de violencia, donde parece existir una revolución
de todos contra todos; allí, se ha podido
calcular más de 200 mil muertos y cuatro millones
de desplazados. Además, actualmente, en
algunas ciudades y pueblos, niños mueren de
hambre con sus familias, por la falta de agua
y alimento. Para muchos, la violencia envuelve
nuestro mundo y se puede deducir que no tenemos
herramientas necesarias para luchar contra
ella. Pero ¿qué tan cierto es esto?
En el ensayo que escribimos con referencia
a la ignorancia, tratamos de destacar lo importante
de ciertas herramientas como la razón, la
lógica, el sentido común y la experimentación.
Todo esto a pesar de las limitaciones que cada
una pueda tener. Conviene ilustrar un poco más
el tema de la limitación. Dentro de la lógica
matemática, Gödel demostró que la aritmética
estaba incompleta; en resumen, habría ciertas
limitaciones de lo que es posible demostrar
mediante el razonamiento matemático. A pesar
de ello, los humanos hemos podido utilizar
esa enorme herramienta para llevar naves a la
Luna y estudiar diferentes planetas a través de
satélites espaciales sin importar sus limitantes.
Es así que las limitaciones de las herramientas
que tenemos a mano no impedirían lograr
importantes niveles de éxito para una mejor
convivencia y, consecuentemente, poder tener
niveles superiores de una ansiada pacificación
global. Por lo tanto, me gustaría abordar el
tema de la convivencia desde dos puntos: el primero,
basado en algunos datos experimentales
e hipótesis científicas, y el otro, mediante datos
importantes de la dinámica social moderna.
Si observamos la preocupación humana
sobre la moral y la ética, estas han sido estudiadas
desde milenios por filósofos, teólogos y
profetas. Con todo, recientemente, son también
estudiadas a partir del proceso evolutivo. El
psicólogo experimental y evolucionista Steven
Pinker, en su libro Los ángeles que llevamos dentro,
hace un exhaustivo análisis sobre la caída de
los niveles de violencia en el mundo. Se basa en
muchos datos recogidos y fuentes estadísticas
de los diferentes organismos internacionales.
Asimismo, en su entrevista con el primatólogo
Frans de Waal, resalta que el antepasado compartido
de los seres humanos y los chimpancés
comunes legó al mundo una tercera especie,
los bonobos o chimpancés pigmeos, que se
separaron de sus primos comunes hace unos
dos millones de años. En consecuencia, según
lo aseverado por él, nosotros estamos estrechamente
emparentados con los bonobos, al igual
que con los chimpancés comunes. Vale la pena
destacar que, cuando los bonobos viven dentro
de su comunidad, nunca llevan a cabo agresiones
mortales, como pasa con los chimpancés.
De hecho, los bonobos son conocidos como los
chimpancés hippies debido a que son pacíficos,
matriarcales, concupiscentes y herbívoros.
El 28 de mayo de 2013, la BBC lanzó un
titular que decía “La moral humana viene de
los simios”. Se basaban en una entrevista a
De Waal sobre sus 40 años de observación de
primates. “Muchos de los patrones que consideramos
‘morales’ vienen de la evolución de
las especies”, dijo entonces ese investigador.
Afirmó también que lo que los seres humanos
denominamos como moral está mucho más
cerca del comportamiento social de los simios
que a una imposición divina o una decisión
filosófica. En otra parte de la entrevista, el
científico advierte que la moral no pasa por una
decisión que se toma o que se impone desde
arriba –filosofía, religión o incluso autoridad–,
sino que es innata al comportamiento social
humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que
viene como parte del paquete social que también
puede encontrarse en otros animales como
nuestros parientes primates. En síntesis, para él,
los dos pilares de la moral, reciprocidad y justicia,
por un lado, y empatía y compasión, por
el otro, están presentes en el comportamiento
social de los simios. Se acota que la primera,
denominada moral uno a uno, tiene que ver con
cómo un individuo espera ser tratado.
Los estudios de De Waal, así como los de
otros investigadores, han comprobado que
chimpancés y bonobos respetan el concepto de
propiedad y tratan a sus pares según la escala de
jerarquía. Sin embargo, muchas otras especies
parecieran regirse por un sistema parecido. Pero
¿cuándo un comportamiento social se vuelve
moral? Para el consabido científico, la clave es
que esos primates esperan que se les respeten
sus derechos y ser tratados según su grado
jerárquico. Como animales sociales, muestran
gratitud e incluso pueden tomar venganza, dependiendo
del comportamiento de otros hacia
ellos.
Respecto al segundo grado de moralidad,
éste se denomina preocupación social y tiene
relación con un concepto más abstracto, el cual
involucra el sentido de armonía de la comunidad
o grupo como un todo. Al respecto, se
subraya que, aunque bastante rudimentario, los
simios sí muestran ciertas formas de reconocimiento
de este grado de moralidad al compartir
su comida, tranquilizar a sus vecinos o incluso
intervenir en peleas de terceros para evitar disturbios
en la comunidad.
Por supuesto, a muchos religiosos, filósofos
y economistas no les han caído muy bien las
conclusiones anteriormente expuestas. La pregunta
lógica sería: si somos innatamente empáticos y una especie moral, ¿cómo hemos podido
vivir gran parte de nuestra historia en guerras
y, apenas en el siglo pasado, las dos más devastadoras
de nuestra historia? Hay que entender
que los chimpancés y los bonobos también
luchan y guerrean; es verdad, con mucha más
frecuencia y agresividad, los primeros que los
últimos, pero, al parecer, son rasgos que comparten
con nosotros, los humanos. En cuanto
a ello, Steven Pinker, en su libro anteriormente
nombrado, subtitulado con una pregunta, «¿Fue
el siglo XX realmente el peor?», hace un cuadro
basado en las proporciones de muertes por
guerra comparado con la población mundial en
cada momento donde se suscitó cada conflicto.
El cuadro muestra las veintiuna guerras más
atroces que ha vivido la humidad. Según las
proporciones comparadas, la Segunda Guerra
Mundial estaría en el puesto nueve y la Primera
Guerra Mundial, en el puesto dieciséis,
más alejada de los primeros lugares. Se puede
deducir que hubo muchos conflictos anteriores
que diezmaron más la población mundial
que los sucedidos en el siglo XX. Otro dato
que aparece en este libro es la definición de la
palabra empatía. La empatía, con el concepto
contemporáneo que la conocemos, es atribuida
al psicólogo americano Edward Titchener en
el año 1909. Queda claro que esta palabra solo
tiene un poco más de un siglo de uso. Aunque
Pinker es muy escéptico en su uso, por el cual
fue ganando notoriedad, reconoce que parte
de la expansión de la pacificación se debe a la
empatía asociada a la solidaridad, la compasión
y el cooperativismo.
Actualmente, según experimentos a través de
escáner cerebral en personas, no se ha podido
encontrar un centro empático en el cerebro
con células del mismo tipo. Sin embargo, la
oxitocina es una pequeña molécula hormonal
producida por el hipotálamo y su función evolutiva original era activar los componentes de
la maternidad. Para el psicólogo social Daniel
Batson, la reutilización de esta hormona, en
tantas formas de proximidad, es el precursor
evolutivo de la solidaridad humana. En experimentos
recientes se ha demostrado que personas
al momento de inhalar oxitocina se vuelven
más generosas.
Ahora me gustaría hacer otra pregunta:
¿y qué hay del egoísmo y el altruismo? Para
el biólogo contemporáneo más reconocido,
Richard Dawkins, egoísmo y altruismo son
expresiones del instinto de conservación del
individuo (egoísmo) y de la especie (altruismo).
Él explica que, según una teoría aceptada por
algunos biólogos, heredamos los genes responsables
de tales actitudes de especies antecesoras,
y que, antes de nuestra llegada, la evolución
biológica estuvo probablemente controlada por
un mecanismo denominado selección de grupos;
en virtud de este mecanismo, los grupos de
individuos en los que hubiese más miembros
dispuestos a sacrificar su vida por el resto tendrían
mayor probabilidad de sobrevivir que los
que estaban compuestos por individuos egoístas.
Esto daría como resultado que el mundo
terminase poblado por individuos altruistas.
Es una teoría que proporciona una explicación
para el hecho de que, al presente, el altruismo
predomine en el mundo, pero que genera gran
controversia en el mundo científico por contradecir
directamente la teoría darwinista. Por
ello, la explicación personal del autor acerca
de la supervivencia del altruismo en el marco
darwinista del egoísmo individual es que la
unidad de supervivencia no es el individuo,
sino el gen, es decir, bajo este punto de vista, los
seres humanos y los grupos de seres humanos
somos máquinas de supervivencia creadas por los
genes en su propio beneficio.
Volvamos a Pinker. Este autor observa y analiza,
con datos estadísticos, el planteamiento
hecho por Kant en su obra Sobre la paz perpetua.
En una primera instancia, la expansión de los
gobiernos democráticos tendría una relación
directa con la pacificación que existe en el mundo,
comparada con los siglos anteriores. Kant
planteaba que un gobierno democrático está
concebido para resolver conflictos entre ciudadanos
mediante el imperio de la ley consensual,
por lo que las democracias deben externalizar
esta ética en sus relaciones con otros Estados.
Cuando uno observa datos estadísticos de
conflictos bélicos a lo largo de la historia entre
países democráticos, es fácil encontrar que no
existen muchos ejemplos. Por otra parte, la
expansión del comercio ha sido vital para la pacificación
para muchos expertos. Esto sin negar
la cantidad de violencia que ha generado en los
siglos pasados cuando civilizaciones se enfrentaban
y obligaban a otras a comerciar o, simplemente,
saqueaban sus recursos. Las estadísticas
demuestran que, desde 1948, el comercio internacional
creció a una escala nunca vista y que
ha tenido una correlación con los bajos índices
sobre los problemas bélicos entre países, ya que
se entiende que un Estado abierto al comercio
internacional no rompería sus lazos vitales y
evitaría a toda costa entrar en conflictos con
sus socios comerciales. Para muchos expertos
esta ha sido llamada la Paz liberal (liberal, haciendo
referencia al liberalismo clásico). Pero,
en este aspecto, si bien una economía de libre
comercio nos dotaría de una relativa paz entre
Estados, otros expertos miran con más cautela
los datos sobre el crecimiento de la desigualdad.
Con todo, de no haber políticas efectivas
que regulen esos índices, podríamos tener los
coeficientes de Gini (medida de desigualdad)
cercanos a cero (indicando desigualdades extremas),
muy parecidas al siglo XIX, lo que podría
provocar revoluciones en un mediano o largo
plazo. Otro aspecto positivo en la pacificación
global es el aumento de instituciones intergubernamentales.
Kant, por ejemplo, preveía una
“Federación de Estados libres”. Siguiendo esta
línea, debe recordarse a la Comunidad Europea
del Carbón y el Acero, una IGO (organización
intergubernamental) fundada en el año 1950
por Francia, Alemania occidental, Bélgica,
Holanda e Italia para supervisar un mercado
común y regular las producciones de las materias
primas estratégicas más importantes. La
organización fue concebida específicamente
como un mecanismo para paliar las rivalidades
y ambiciones históricas en una iniciativa
comercial común. No obstante, la Comunidad
del Carbón y el Acero creó el marco para la
Comunidad Económica Europea, que a su vez
engendraría la Unión Europea. Pinker dice, en-tonces, que, mientras más Estados pertenezcan
a IGO, con democracias y mayores capacidades
comerciales, los Estados serán menos propensos
a tener conflictos bélicos. Entonces diremos
que la democracia, el comercio y el pertenecer a
IGO, favorecen a la paz. Kant Estaría acertando
tres de tres, según Pinker.
También podemos observar que, dentro de la
dinámica social del siglo XX, las revoluciones
de los derechos civiles con mayor fuerza en
Estados Unidos o en Sudáfrica, por ejemplo,
demuestran que las nuevas leyes sobre los derechos
humanos tienen una correlación con la
disminución de los linchamientos en el mundo.
La inclusión de los derechos de las mujeres
muestra una correlación con las disminuciones
en los malos tratos y las violaciones. De la misma
forma, los derechos de los niños, con la disminución
de los infanticidios, intimidación y el
abuso infantil. Entran igualmente en la lista los
derechos de los homosexuales y su relación con
la descriminalización de la homosexualidad, los
derechos de los animales y la disminución de la
crueldad hacia ellos. Es cierto que hay mucho
por trabajar, pero lo importante es entender que
estamos avanzando y que se puede hacer más.
Considero que uno de los momentos más
impactantes de pacificación en una nación
al borde del colapso es el caso de Sudáfrica.
Desmond Tutu, un clérigo anglicano de ciudad
del cabo en Sudáfrica, nombrado premio
Nobel de la Paz por su excelente y activa participación
en la lucha de los derechos civiles y
por ser parte de la Comisión de la Verdad y la
Reconciliación de dicho país, permite hablar al
respecto. Es que tuvo un impacto muy positivo
en la erradicación de la violencia en Sudáfrica.
Tutu escribe en su libro Sin perdón no hay futuro
como se logró dicha pacificación. Como es sabido,
el apartheid en Sudáfrica fue una especie
de holocausto étnico que vivieron los negros
sudafricanos en manos de los afrikáneres o
bóeres (blancos nacidos en Sudáfrica de origen
holandés). “…tuve que cumplir 72 años de
edad para poder votar. Nelson Mandela esperó
hasta los 76”, dice Tutu al inicio de su obra. En
Sudáfrica, los negros estaban privados de todo
tipo derecho; la clase política y privilegiada
había creado un Estado solo para blancos y
tenía como las principales fuentes de abuso y
violaciones a militares y policías. Por esa razón,
el año 1994, será recordado como uno de los
más gloriosos del pueblo sudafricano, pues, por
primera vez, blancos y negros irían a las urnas
en una fiesta democrática. Nelson Mandela
sería nombrado el primer presidente negro de
Sudáfrica. No obstante, para llegar a este punto,
en las negociaciones, el poder imperante y
tiránico tuvo que ceder ante la templanza y el
liderazgo moral que exudaba Nelson Mandela
junto a otros dirigentes, que habían sufrido los
designios del apartheid. Este sería el inicio en la
búsqueda de zanjar las enormes heridas del régimen anterior. Un cometido difícil de cumplir,
ya que, cuando se inició el proceso de encontrar
a los responsables y hacerlos pagar por todo
el mal ocasionado, se encontraron que tanto
el Poder Judicial, la policía y militares seguían
estando bajo el poder del régimen anterior.
Nunca será innecesario destacar la figura de
Mandela. Él, con su investidura como presidente
del país, y Tutu, a cargo de la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación, tuvieron que buscar
un pacto con sus verdugos que seguían viviendo
ahí, junto con ellos. Esto los llevó a descartar
una justicia tradicional del tipo retributiva
como fue, por ejemplo, el juicio de Nuremberg,
que se les hizo a los oficiales de guerra alemanes,
posterior a la Segunda Guerra Mundial.
En lugar de ello, se apeló a un tipo de justicia
restaurativa. La justicia restaurativa buscaba
sacar a la luz todas las atrocidades cometidas y
donde las víctimas vivas tuvieran la oportunidad
de contar todo por lo que habían pasado,
denunciando a sus verdugos, liberándose de esa
enorme carga y recibiendo compensaciones por
parte del Estado. Si las víctimas reconocían a sus
victimarios, estos tenían la oportunidad de apegarse
a una amnistía antes de ser denunciados,
con la condicionante de relatar los actos en los
que estaban involucrados. Quizá, para muchos,
este tipo de justicia no parezca como tal, ya que
los acusados que se apoyaron en la amnistía, declarándose
culpables, llegaron a relatar incluso
con lujo de detalles los actos más atroces, para
luego quedar en libertad. Para Tutu, no había
mejor opción debido a que el sistema judicial
estaba ya muy tensionado, presionado y sobrecargado.
Habiendo este panorama, la búsqueda
de culpables y sus sentencias solo haría fracasar el intento por hacer algo de justicia y, además,
provocaría una mayor división entre los sudafricanos.
Por otra parte, en muchos de los casos
no se tenían testigos ni evidencias o pruebas de
lo que había sucedido; en consecuencia, muchos
juicios hubieran quedado en la nebulosa
y los culpables igualmente hayan sido absueltos
por la justicia. Otras de las razones por las que
muchas personas llegaron aceptar este tipo de
justicia porque los líderes que la negociaban,
incluyendo al presidente Mandela, habían sido
víctimas del apartheid y su liderazgo moral era
por muchos incuestionable. Lo que Tutu más
destaca, para que la mayoría de los sudafricanos
hayan aceptado esta vía de justicia, es el Ubuntu.
Se trata de una palabra proveniente de las
lenguas nguni o botho y de las lenguas sotho
de África. Ubuntu es un término muy difícil de
definir en los idiomas occidentales. La palabra
se refiere a la esencia misma del ser humano.
“Cuando se quiere honrar a alguien - destaca
Tutu- se dice; esa persona tiene Ubuntu o tú
tienes Ubuntu, quiere decir esa persona es generosa,
hospitalaria, amistosa, atenta y compasiva”.
En palabras de Tutu: “Mi humanidad está
inmersa ligada inextricablemente a la tuya […].
Perdonar no es solo ser altruista. Es lo mejor
para el interés propio”.
Lo pacificación en Sudáfrica no era un hecho
aislado; había sucedido antes en Kenia, Zimbabwe
y Namibia. Allí se buscaba también una
reconciliación, rehabilitación y reconstrucción
de sus países. Por tanto, deduzco que existen
herramientas que nos pueden llevar a un mejor
relacionamiento y convivencia. Algunos estudios
de las ciencias naturales y otros de las ciencias
sociales sirven para reconocernos y ver qué
podemos hacer con la información que tenemos.
Se entiende así que la mejora continua en
nuestra convivencia puede, consecuentemente,
ayudar a la pacificación de nuestro país y la de
muchos países del mundo. Es posible pensar en
ello mientras se reconozca nuestro valor como
individuos libres que pertenecen a un conjunto
social del que dependemos. Corresponde, en
suma, buscar nuestro propio Ubuntu, no para
volver al tribalismo, sino para aplicarlo en procura
de una mejora en la estructura de las sociedades
democráticas en las que hoy vivimos.
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