Mario Mercado Callaú
No imité a los escépticos que dudan sólo por dudar y simulan
estar siempre indecisos; al contrario, mi intención era
llegar a una certeza, y excavar el polvo y la arena hasta
llegar a la roca o la arcilla de debajo.
René Descartes
Revista Percontaria,tema
el progreso
En El mundo y sus demonios, el escéptico astrofísico
y divulgador científico Carl Sagan (2005, p. 225) escribió sobre su
anhelo de creer en la existencia prolongada de la vida más
allá del plano terrenal. Esto lo hizo luego de la muerte de
sus padres. “Hay una parte de mí… que se pregunta dónde
estarán”, señaló entonces. Expresó también que la última
palabra que dijo a su padre antes de morir fue “cuídate”.
Con certeza, está situación, muy triste para la mayoría de
los mortales, debería servir para ponernos en perspectiva,
mostrándonos la fragilidad humana frente a nuestras poderosas
emociones y sentimientos, capaces de despertar
profundas vacilaciones, sobre todo en momentos tan duros
y de vulnerabilidad que en un momento dado se encuentra
cualquier individuo, incluso una persona con las cualidades
intelectuales de Sagan.
Por desgracia, en épocas diferentes, los hombres han sido
bombardeados por pregoneros de la “verdad”, quienes, a
diferencia de Sagan, no consienten ningún tipo de cuestionamiento.
No debemos esforzarnos mucho para averiguar
cuán funesto ha sido su legado; sin embargo, hay todavía
quienes creen en su firmeza. Es cierto que, en el presente,
por Internet y otros medios, la información resulta tan
vasta que se hace difícil identificar entre lo que, probablemente,
sea más cercano a la “verdad” que lo falso; incluso
se habla de una era en política en la que impera la posverdad.
La discriminación entre tantos datos es, pues, una
tarea que no puede considerarse menor. Con todo, se hace
vital desarrollar barreras que protejan y eviten el engaño por embaucadores ingenuos o inescrupulosos que buscan
algún beneficio personal. Ciertamente, en todo tiempo,
hay hombres siempre dispuestos a engañar a los suyos
de forma consciente o inconsciente, por efecto de falsas
creencias y como consecuencia de no haber desarrollado
la capacidad de distinguir lo posible de lo improbable. La
historia nos muestra incontables casos de este tipo, y que
incluyen a dogmas religiosos e ideológicos, muchas veces
tan fuertes que no dan cabida a la razón. Y es ahí donde el
escepticismo puede funcionar para cuestionar ciertas ideas
o argumentos.
Los embusteros están a la orden del día, y el problema no
solo se traduce en que puedan vaciar la acaudalada o poca
fortuna del incauto, con tesis religiosas falsas y con mágicos
remedios naturales, sino que también pueden atentar
contra la vida. Casos como el de Jim Jones y su iglesia El
Templo del Pueblo, en el que muchos de sus fieles no supieron
en qué momento perdieron el control de sus mentes
y vidas para participar en uno de los suicidios masivos más
impactantes del siglo XX. En esta misma línea, debemos
destacar las cirugías psíquicas realizadas en Filipinas, donde
personas de todo el mundo viajan para sanarse porque
se corrió el rumor de que curan a los pacientes extrayendo
el “mal”; empero, los índices de las personas curadas están
por debajo de aquellos pacientes que sobreviven sin someterse
a ningún tipo de tratamiento.
Con el escepticismo, no se trata de caer en un pirronismo
agudo, un ejercicio sistemático de la duda, sino más bien
en probar hasta qué punto un argumento, tesis o dogma,
si se quiere, tiene algún tipo de comprobación que, medianamente,
se acerque a la verdad. Quizás la herramienta
falible y perfectible que nos pueda ayudar a desenmascarar
los fraudes sea el método científico. Imaginemos por un
segundo vivir en un mundo sin mortales que no se hayan
dado a la tarea de cuestionar, por ejemplo, ¿qué es el Sol, un
Dios o algo más? ¿Cómo funciona la naturaleza? ¿Cómo
funciona el cuerpo humano? ¿Por qué un Rey es la autoridad
impuesta por Dios? Sin esas reflexiones, es muy
probable que muchas de las cosas que vemos y conocemos
hoy en el mundo no existieran.
Por otra parte, considero importante señalar que, en una
de sus conferencias, el astrofísico y divulgador científico
Neyl deGrasse Tyson trata de mostrar la otra cara de los
argumentos de aquellas personas religiosas que destacan la
participación de un “Diseñador Inteligente” en la creación
del universo. El argumento de estas personas se basa en
que muchos científicos –entre ellos, los más grandes de la
historia– reconocen en sus escritos la importancia de este
diseñador para afirmar nuestra existencia, y que, sin tal causa (diseñador inteligente), no existiéramos
como efecto. Por su parte, Neyl deGrasse expone
que estos genios –Ptolomeo, padre de la
geografía, Galileo y sus avances en astronomía
y física, e incluso Isaac Newton, con sus avances
sobre la ley de gravitación universal y sus estudios
fundamentales de la mecánica clásica, por
ejemplo– argumentaban sobre la importancia
de un Dios o diseñador inteligente, no para
fundamentar que esa Divinidad sea importante
para la creación, sino que, más bien, cada uno
de estos genios reconoce al diseño inteligente
cuando llega a los límites de su propio conocimiento.
Explicado de otra manera, sólo argumentaban
la existencia de un Dios para rellenar
el espacio o los huecos que la ciencia y el conocimiento
humano no había podido descubrir en
cada uno de los momentos en el que vivieron
estos genios.
Esos espacios vacíos de conocimiento son
peligrosos, pues hacen que religiones y pseudociencias
los aprovechen, acarreando fieles y
creyentes que lo único que buscan es creer y no
saber. Hoy la mecánica cuántica describe fenómenos tan complejos que solo podemos medir
a escala atómica, pero a nuestra escala se hacen
imposibles de creer. Si tomamos en cuenta su
principio de incertidumbre, podemos hablar
de una creación espontánea de materia en pequeñísimas
unidades de tiempo, no cumpliendo
durante ese breve período con el principio de
conservación de la energía. Estos avances científicos
se están dando en todos los campos, pero
la baja educación, superstición y dogmas hacen
que muchos individuos no los reconozcan como
ciertos. Depender cada día más de la ciencia y la
tecnología, sin que la sociedad la entienda, debe
causarnos algún tipo de preocupación.
Por supuesto, la llegada al poder de líderes
que sufren del efecto Dunning-Kruger (cuanto
menos saben, más listos se creen) o que viven
influidos bajo algún tipo de doctrina, creencia o
ideología que no da cabida a la razón, teniendo
a merced aparatos tecnológicos de destrucción
masiva, es tan peligroso como tener ciudadanos
crédulos y poco críticos sobre la realidad que
hoy nos toca enfrentar. Carl Sagan (2005, p.226), en medio
del dolor ya mencionado, reflexiona acerca de
lo fácil que una persona puede caer en un “timo
poco elaborado”. Esto se debería a los numerosos
individuos (charlatanes, sería más correcto)
que dicen comunicase con los muertos. Sagan
comprende su propia vulnerabilidad y, antes
de caer en la tentación de lo que quisiera creer,
escribe: “De mala gana, recurro a mis reservas
de escepticismo”. Lo mismo tendríamos que
recomendar frente a quienes, más aún en épocas
electorales, procuran la conquista del electorado,
distanciándose de cualquier línea de orden
racional.
Bibliografía
Sagan, C. (2005). El
mundo y sus demonios (5ta. Edición). Barcelona – España: Planeta
Enlaces de Internet
deGrasse, N. (2012)
Diseño Inteligente (El Dios de los huecos). Obtenido 21 de Mayo de 2015, https://www.youtube.com/watch?v=pwCt7WWiPXA
Santaolalla, J. (2016)
¿Qué es la mecánica cuántica? Obtenido 22 de Marzo de 2017, https://www.youtube.com/watch?v=zOX-gbH7J64

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