martes, 30 de mayo de 2017

La virtud del pensamiento crítico y el escepticismo en nuestro tiempo

 Mario Mercado Callaú 

No imité a los escépticos que dudan sólo por dudar y simulan estar siempre indecisos; al contrario, mi intención era llegar a una certeza, y excavar el polvo y la arena hasta llegar a la roca o la arcilla de debajo. René Descartes 

Revista Percontaria,tema
el progreso

En El mundo y sus demonios, el escéptico astrofísico y divulgador científico Carl Sagan (2005, p. 225) escribió sobre su anhelo de creer en la existencia prolongada de la vida más allá del plano terrenal. Esto lo hizo luego de la muerte de sus padres. “Hay una parte de mí… que se pregunta dónde estarán”, señaló entonces. Expresó también que la última palabra que dijo a su padre antes de morir fue “cuídate”. Con certeza, está situación, muy triste para la mayoría de los mortales, debería servir para ponernos en perspectiva, mostrándonos la fragilidad humana frente a nuestras poderosas emociones y sentimientos, capaces de despertar profundas vacilaciones, sobre todo en momentos tan duros y de vulnerabilidad que en un momento dado se encuentra cualquier individuo, incluso una persona con las cualidades intelectuales de Sagan. Por desgracia, en épocas diferentes, los hombres han sido bombardeados por pregoneros de la “verdad”, quienes, a diferencia de Sagan, no consienten ningún tipo de cuestionamiento. No debemos esforzarnos mucho para averiguar cuán funesto ha sido su legado; sin embargo, hay todavía quienes creen en su firmeza. Es cierto que, en el presente, por Internet y otros medios, la información resulta tan vasta que se hace difícil identificar entre lo que, probablemente, sea más cercano a la “verdad” que lo falso; incluso se habla de una era en política en la que impera la posverdad. La discriminación entre tantos datos es, pues, una tarea que no puede considerarse menor. Con todo, se hace vital desarrollar barreras que protejan y eviten el engaño por embaucadores ingenuos o inescrupulosos que buscan algún beneficio personal. Ciertamente, en todo tiempo, hay hombres siempre dispuestos a engañar a los suyos de forma consciente o inconsciente, por efecto de falsas creencias y como consecuencia de no haber desarrollado la capacidad de distinguir lo posible de lo improbable. La historia nos muestra incontables casos de este tipo, y que incluyen a dogmas religiosos e ideológicos, muchas veces tan fuertes que no dan cabida a la razón. Y es ahí donde el escepticismo puede funcionar para cuestionar ciertas ideas o argumentos. Los embusteros están a la orden del día, y el problema no solo se traduce en que puedan vaciar la acaudalada o poca fortuna del incauto, con tesis religiosas falsas y con mágicos remedios naturales, sino que también pueden atentar contra la vida. Casos como el de Jim Jones y su iglesia El Templo del Pueblo, en el que muchos de sus fieles no supieron en qué momento perdieron el control de sus mentes y vidas para participar en uno de los suicidios masivos más impactantes del siglo XX. En esta misma línea, debemos destacar las cirugías psíquicas realizadas en Filipinas, donde personas de todo el mundo viajan para sanarse porque se corrió el rumor de que curan a los pacientes extrayendo el “mal”; empero, los índices de las personas curadas están por debajo de aquellos pacientes que sobreviven sin someterse a ningún tipo de tratamiento. Con el escepticismo, no se trata de caer en un pirronismo agudo, un ejercicio sistemático de la duda, sino más bien en probar hasta qué punto un argumento, tesis o dogma, si se quiere, tiene algún tipo de comprobación que, medianamente, se acerque a la verdad. Quizás la herramienta falible y perfectible que nos pueda ayudar a desenmascarar los fraudes sea el método científico. Imaginemos por un segundo vivir en un mundo sin mortales que no se hayan dado a la tarea de cuestionar, por ejemplo, ¿qué es el Sol, un Dios o algo más? ¿Cómo funciona la naturaleza? ¿Cómo funciona el cuerpo humano? ¿Por qué un Rey es la autoridad impuesta por Dios? Sin esas reflexiones, es muy probable que muchas de las cosas que vemos y conocemos hoy en el mundo no existieran. Por otra parte, considero importante señalar que, en una de sus conferencias, el astrofísico y divulgador científico Neyl deGrasse Tyson trata de mostrar la otra cara de los argumentos de aquellas personas religiosas que destacan la participación de un “Diseñador Inteligente” en la creación del universo. El argumento de estas personas se basa en que muchos científicos –entre ellos, los más grandes de la historia– reconocen en sus escritos la importancia de este diseñador para afirmar nuestra existencia, y que, sin tal causa (diseñador inteligente), no existiéramos como efecto. Por su parte, Neyl deGrasse expone que estos genios –Ptolomeo, padre de la geografía, Galileo y sus avances en astronomía y física, e incluso Isaac Newton, con sus avances sobre la ley de gravitación universal y sus estudios fundamentales de la mecánica clásica, por ejemplo– argumentaban sobre la importancia de un Dios o diseñador inteligente, no para fundamentar que esa Divinidad sea importante para la creación, sino que, más bien, cada uno de estos genios reconoce al diseño inteligente cuando llega a los límites de su propio conocimiento. Explicado de otra manera, sólo argumentaban la existencia de un Dios para rellenar el espacio o los huecos que la ciencia y el conocimiento humano no había podido descubrir en cada uno de los momentos en el que vivieron estos genios. Esos espacios vacíos de conocimiento son peligrosos, pues hacen que religiones y pseudociencias los aprovechen, acarreando fieles y creyentes que lo único que buscan es creer y no saber. Hoy la mecánica cuántica describe fenómenos tan complejos que solo podemos medir a escala atómica, pero a nuestra escala se hacen imposibles de creer. Si tomamos en cuenta su principio de incertidumbre, podemos hablar de una creación espontánea de materia en pequeñísimas unidades de tiempo, no cumpliendo durante ese breve período con el principio de conservación de la energía. Estos avances científicos se están dando en todos los campos, pero la baja educación, superstición y dogmas hacen que muchos individuos no los reconozcan como ciertos. Depender cada día más de la ciencia y la tecnología, sin que la sociedad la entienda, debe causarnos algún tipo de preocupación. Por supuesto, la llegada al poder de líderes que sufren del efecto Dunning-Kruger (cuanto menos saben, más listos se creen) o que viven influidos bajo algún tipo de doctrina, creencia o ideología que no da cabida a la razón, teniendo a merced aparatos tecnológicos de destrucción masiva, es tan peligroso como tener ciudadanos crédulos y poco críticos sobre la realidad que hoy nos toca enfrentar. Carl Sagan (2005, p.226), en medio del dolor ya mencionado, reflexiona acerca de lo fácil que una persona puede caer en un “timo poco elaborado”. Esto se debería a los numerosos individuos (charlatanes, sería más correcto) que dicen comunicase con los muertos. Sagan comprende su propia vulnerabilidad y, antes de caer en la tentación de lo que quisiera creer, escribe: “De mala gana, recurro a mis reservas de escepticismo”. Lo mismo tendríamos que recomendar frente a quienes, más aún en épocas electorales, procuran la conquista del electorado, distanciándose de cualquier línea de orden racional. 



Bibliografía

Sagan, C. (2005). El mundo y sus demonios (5ta. Edición). Barcelona – España: Planeta

Enlaces de Internet

deGrasse, N. (2012) Diseño Inteligente (El Dios de los huecos). Obtenido 21 de Mayo de 2015, https://www.youtube.com/watch?v=pwCt7WWiPXA

Santaolalla, J. (2016) ¿Qué es la mecánica cuántica? Obtenido 22 de Marzo de 2017, https://www.youtube.com/watch?v=zOX-gbH7J64


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